Anecdotas: La familia de mi novio
Febrero 13th, 2009 por admin | Publicado en Parejas.
Es duro, pero totalmente cierto. Cuando decidimos mantener una relación seria con un hombre, también nos vemos obligadas a lidiar con su familia. Y eso puede convertirse en una tortura capaz de poner en peligro cualquier amor. Si lo dudas, pregúntaselo a Roxana, de 26 años, relacionista pública en un hotel de Acapulco. Ella rompió con su novio a causa de una familia insufrible.
Mi novio y su familia
“Hay hombres muy apegados a su familia, y Carlos es uno de ellos”, me explicó Roxana. “Son nueve hijos, todos varones, y él es el más joven y el único soltero. Su familia es muy unida y todos los domingos se reúnen para almorzar. También organizan paseos y les encanta irse de vacaciones juntos. Son un batallón, porque sus hermanos tienen muchos hijos”.
De buenas a primeras, Roxana se vio arrastrada a un tipo de vida al que no estaba habituada. Ella proviene de una familia pequeña, y aunque se lleva bien con su única hermana y con sus padres, se reúne con ellos solamente en fechas especiales. “Nosotros respetamos mucho la privacidad y la independencia de cada uno. Por eso, cuando Carlos y yo nos hicimos novios, caí en shock”, confiesa. “Su familia me aceptó inmediatamente y mi vida se convirtió en un torbellino. Mis ocho cuñadas me llamaban todo el día para invitarme a ir de tiendas, para que las acompañara al médico, les cuidara a los niños o les consiguiera reservaciones baratas en el hotel. Como si esto fuera poco, todas querían convertirme en su confidente y contarme chismes de las otras”.
Roxana descubrió que Carlos era incapaz de cortar el cordón umbilical que lo mantenía tan unido a sus padres, hermanos y sobrinos (24 en total). “Yo no pretendía que rompiera con ellos”, explica Roxana. “Pero creía que en esa etapa de nuestra relación -en la que prácticamente acabábamos de mudarnos juntos-, necesitábamos pasar más tiempo a solas para conocernos mejor y disfrutar de nuestra intimidad. Traté de explicárselo, pero él no me hacía caso y se enojaba si yo inventaba pretextos para no tener que acompañarlo a aquellas agotadoras visitas familiares”.
La gota que colmó el vaso cayó el día en que Roxana y Carlos decidieron celebrar su primer año juntos, con una cena romántica en el mismo restaurante donde se habían conocido. Ella había esperado esa noche como algo especial, y estaba convencida de que sería un encuentro inolvidable. “Y lo fue”, dice con ironía. “Pero por razones distintas a las que había imaginado. Cuando entramos al restaurante, en lugar de darnos la mesa para dos que teníamos reservada, nos llevaron a un salón para 20 comensales, ¡donde nos esperaban mis suegros con todas mis cuñadas y cuñados! Casi me da un infarto”, cuenta. “Carlos había cometido el error de comentarle nuestro plan a su familia, y a ellos se les ocurrió darnos la sorpresa”.
Después de esa experiencia, Roxana tuvo que de cirle a Carlos que, aunque lo quería mucho, esa vida familiar tan intensa la sacaba de sus casillas. El se ofendió y decidieron separarse. “Quedé tan traumatizada, que no he vuelto a formalizar una relación con nadie”, concluye Roxana. “Si vuelvo a enredarme con un hombre, trataré de que sea huérfano”.
“Mi amor, ¿cuándo conoceré a tu familia?”
El caso de Martha es distinto. Ella es muy sociable, y a las pocas semanas de comenzar su relación con Octavio, empezó a decirle que le gustaría conocer a sus padres y a sus dos hermanas adolescentes. Pero él posponía el encuentro. Martha empezó a preocuparse: si todo marchaban bien, ¿por qué su novio cambiaba de tema cada vez que ella hablaba de conocer a los suyos? Pero llegó el momento en que Octavio no pudo aplazar más la reunión con su familia.
“A los tres minutos de estar en casa de sus padres, comprendí el comportamiento de mi novio”, cuenta Martha. “Aquel lugar era una especie de manicomio, un campo de batalla. La madre y el padre se pasaban todo el tiempo discutiendo y diciéndose horrores, sin importarles que hubiera testigos. Y en cuanto a sus hermanas, son unas chiquillas malcriadas. ¡Hasta las sorprendí hurgando en mi bolso!”
Cuando por fin se acabó la pesadilla y salieron a la calle, Octavio le confesó a Martha que tenía miedo de que ella lo dejara plantado después de conocer a su gente. Ella no lo hizo (de hecho, ya llevan tres años juntos), pero desde entonces se ha mantenido lo más lejos posible de la familia de su novio. “Los veo cuando no me queda otro remedio. ¡Son una plaga!”, asegura.
Esta no, la otra sí Sabrina, una estudiante de arquitectura en una universidad del D. F., es de esas personas que se suelen llevarse bien con todo el mundo. Por esa razón, la lista de sus peores enemigos sólo tiene tres nombres: los de su suegra, su suegro y su cuñado.
“Desde que Leonardo les habló de mí, me apuntaron los cañones”, dice. “La razón es muy sencilla: su padre es copropietario de una exitosa compañía constructora y tenía la esperanza de que Leonardo se casara con Lucy, la hija del otro dueño”.
Según Sabrina, Leonardo y Lucy fueron novios durante algunos meses, pero la relación no funcionó y se separaron en buenos términos. “Después de eso, él me conoció y fue entonces cuando empezaron los problemas con su familia, porque el padre, la madre y el hermano se negaron a aceptarme. Al principio no querían ni que fuera a su casa. Cuando Leonardo les explicó que lo nuestro no era un pasatiempo y que pensábamos casarnos en cuanto yo terminara mi carrera, no les quedó más remedio que tolerarme… o por lo menos fingir que lo hacían”.
Cada vez que Sabrina tiene que reunirse con la familia de Leonardo, se pone una “armadura invisible”, pues sabe que será víctima de todo tipo de ironías y sarcasmos. “Mi suegra se las arregla de una manera u otra para mencionar a Lucy, la ex novia de su hijo, y hablar maravillas de ella. Aunque no lo dice abiertamente delante de mi novio, cuando está a solas conmigo se lamenta de la ruptura y hasta murmura que no ha perdido la esperanza de verlos juntos algún día”, cuenta Sabrina. “En cuanto a mi suegro, sólo habla de la plata que gana con su exitoso negocio, y se compadece de mi padre, que es un simple empleado que ha trabajado muy duro para poder darme una buena educación”.
Pero el peor de todos, según Sabrina, es su cuñado. “Cada vez que puede arrastra a Leonardo con él y lo mete en bares de strippers o en nightclubs, con la esperanza de que se enrede con otra y me deje”, afirma. “Varias veces he estado a punto de mandarlos al diablo, pero respiro profundo y recupero la calma. Leonardo es un hombre maravilloso y está loco por mí”, asegura. “¿Por qué voy a renunciar a él y darle el gusto a su odiosa familia?”
Consejos para lidiar con su familia
Si tu hombre está muy unido a su familia e insiste en pasar con ella buena parte de su tiempo libre, trata de modificar sus viejas costumbres, pero sin herir sus sentimientos. Hazle entender que, como pareja, necesitan disfrutar de mayor intimidad y compartir los ratos libres con otras parejas de la misma edad.
Haz un esfuerzo por limar asperezas. ¿Te desquicia su gente? Cuenta hasta 40 y sonríe. Quizás a tu hombre le pase lo mismo y no pueda ver ni en pintura a los tuyos, a quienes adoras. La convivencia y la armonía exigen sacrificios…
No cometas el error de hablarle mal de los suyos. Cuando tengas ganas de criticarlos, muérdete la lengua. Puede que él esté consciente de los defectos de su parentela, pero no quiere que se los recuerdes.
Trata de espaciar las visitas y redúcelas a lo indispensable. Justifica tus ausencias con razones creíbles, para que no te tilden de antipática.
Guardar cierta distancia no quiere decir que seas fría o ruda. Cuando no te quede más remedio que verlos, muéstrate cordial y afectuosa con todos.
Recuerda que eres la novia de él no de su familia. Trata de ser amable, pero tampoco aceptes ofensas o maltratos.
importancia de la familia
Etiquetas: importancia de la familia, tu familiaArticulos Similares
