Pensamiento compulsivo

Si nunca dejas de inquietarte y de tener mil cosas dando vueltas en tu cabeza, puede que lo tuyo sea un síntoma de personalidad hipercontroladora. Es más, tal vez encajes en la definición de lo que denominamos “una pensadora compulsiva”. De hecho, nos atrevemos a apostar que ahora mismo hay por lo menos ocho ideas luchando por conquistar el papel protagónico en tu mente: “¿Pagué aquella factura?, ¿apagué el horno antes de salir?”, etc.

“Las mujeres son mucho más propensas que los hombres a elaborar esas interminables listas de todo lo que tienen que hacer”, asegura Susan Nolen-Hoekseman, profesora de psicología y autora del libro Mujeres que piensan demasiado. “En especial las chicas de entre 20 y 30 años de edad, que trabajan y se sienten muy responsables si algo de lo que hacen no les sale bien”.

Según Nolen-Hoekseman, hay fundamentalmente tres tipos de mujeres que piensan demasiado: las adictas a las listas y a los recordatorios; las que se preocupan por lo que opinan los demás; y las que se agobian por el pasado y el futuro. Pensar en exceso puede conducir a la depresión, la toma equivocada de decisiones y la búsqueda de un refugio contra el estrés en la comida o la bebida. ¿La solución? Dominar tus pensamientos en vez de dejar que ellos te dominen a ti.

Identifica tu estilo de pensamiento compulsivo

Analiza las tres siguientes clasificaciones, y si respondes “si’ o “a veces” a más de tres de las afirmaciones que definen cada tipo de pensadora compulsiva, sigue leyendo para entender tu personalidad y averiguar cómo relajarte. Ojo: te puedes identificar con más de un tipo.

TIPO 1

La adicta a las listas y recordatorios

  • Apuntas todas las tareas pendientes, incluso las de los fines de semana.

¿Eres una pensadora compulsiva?

¿Tu cerebro está en constante ebullición? ¿Especulas sobre lo que los otros pueden estar pensando en los momentos más inadecuados? Pues es muy posible que estés “maquinando” más de la cuenta.

Con frecuencia te escribes notas recordatorias en el dorso de la mano, te despiertas en medio de la noche y apuntas cualquier detalle que te acaba de venir a la mente, te envías correos electrónicos para recordarte ciertas actividades,la gente suele bromear acerca de tu excesiva organización…

“Pensar en exceso se ha convertido en algo crónico para mí, tanto que ahora tengo 52 listas y no puedo vivir sin ellas”, admite Susana, una asesora fiscal de 24 años. “Me hace mucho bien vaciar mi mente sobre un papel. Tengo listas detalladas sobre cada uno de los hombres con los que he salido, los lugares que he visitado y con quién, y un inventario de mi apartamento que incluye hasta los pisapapeles y la distribución de las plantas. No soporto que otras personas se queden a dormir en mi casa porque pierdo el control y alteran mi sistema”.

Pero Susana no es la única. “Ahora mismo tengo 20 notas en la puerta del refrigerador”, confiesa Isabel, una enfermera de 29 años. “Aun así, siempre creo que se me olvida algo y me da terror salir de casa sin volver a leerlas”.

“Este tipo de manía tiene su raíz en un perfeccionismo absoluto y en el miedo a no recordar algo”, explica Nolen-Hoekseman. “Las inseguridades denotan falta de confianza, tal vez producto de una mala experiencia del pasado. Escribir notas es un mecanismo que se retroalimenta solo, y una vez que empiezas, crees que no recordarás nada sin ellas”.


LA CURA

Separa 10 minutos por la mañana para anotar tus obligaciones. Después de eso, no te permitas añadir un dato nuevo en tus notas hasta el día siguiente. Si te sientes con fuerzas, intenta pasar una semana entera sin hacer listas. Descubrirás que tu cerebro te recordará las cosas de modo natural. Por último, el ejercicio es enemigo del pensamiento compulsivo, así que haz algo que centre tu atención, como tomar clases de baile.

TIPO 2

Preocupada por el pasado y el futuro

  • Cuando tu chico está demasiado cansado para hacer el amor, empiezas a creer que ya no le gustas.
  • Al final del día, te tumbas en la cama pensando: “Si al menos hubiera dicho o hecho esto en lugar de aquello”.
  • Siempre te haces el propósito: “Este año sí cumpliré tal o cual meta”.
  • Cuando las cosas van mal, te echas la culpa y te torturas pensando: “Si hubiera tomado otra decisión…”
  • Hay días en los que estás convencida de que te van a despedir.

“Cada noche repaso lo que pasó durante la jornada y revivo en mi mente lo que debí haber hecho. Después me agobio al pensar en lo que pasará el día siguiente y en el futuro que me espera”, cuenta Silvia, redactara de 26 años.

“El problema surge cuando uno se recrea en las lamentaciones, observa Nolen-Hoekseman. “Las personas que se preocupan de un modo normal suelen pensar en si pasa esto o aquello en el futuro, mientras que las del tipo 2 imaginan el porvenir, pero también inspeccionan el pasado. Este comportamiento, tal vez adquirido tras una enfermedad o un acontecimiento que no pudieron controlar, provoca un excesivo análisis de las diversas opciones y paraliza al individúo, que empieza a dudar de su habilidad para tomar decisiones”.

LA CURA

Darle demasiadas vueltas a un asunto puede conducir al desastre. En un estudio holandés, se les pidió a 80 participantes que eligieran un automóvil entre cuatro modelos, atendiendo a doce características básicas. Uno de los grupos observó los vehículos y decidió inmediatamente. Al otro se le pidió que reflexionara sobre su opción. La mayor parte de los miembros de este segundo grupo tomaron una decisión errónea.

“La noche es el momento más crítico”, añade la sicóloga Nolen-Hoekseman. “Si llevas más de 15 minutos despierta en la cama, levántate y sal de la habitación. Permanecer acostada no hará que tu cerebro descanse. Distráete con alguna actividad, o si puedes, cambia la disposición de los muebles de esa habitación donde acostumbras a encerrarte con tus pensamientos (despacho, dormitorio…) para que tu cerebro deje de asociar ese espacio con el exceso de reflexión”.

TIPO 3

Agobiada por lo que otros piensan

O Comparas tus fotos de antes y de ahora para ver si has engordado. O Si un día una compañera no te saluda, enseguida piensas que quizás la ofendiste, y muchas veces llegas a pensar que no le caes bien a nadie.

  • Te gusta una persona famosa y pasas horas mirando sus fotos en la internet.

Continúas analizando el e-mail que te escribió aquel chico hace dos años, di-ciéndote que no quería volver a verte.

Una amiga de la escuela te dijo que tu nariz parecía la de una bruja, y desde entonces la odias (a tu nariz, no a ella).

Demi Moore, la esposa del guapísimo Ashton Kutcher, debe de ser una de estas mujeres obsesionadas con la opinión ajena, que buscan desesperadamente la aprobación. “Tengo los ojos demasiado pequeños, mi sonrisa no es bonita, apenas tengo cintura, y nunca estoy suficientemente delgada para lo que se espera de mí”, ha dicho la actriz.

El dilema surge cuando las pequeñas inseguridades se convierten en problemas monstruosos, asegura Nolen-Hoekseman. Si empiezas a agobiarte con la idea de cómo te perciben los demás, un buen truco es gritar: “Basta”, y pintar una señal de Pare en una libreta de notas al lado de la palabra. La idea es que esto actúe como un símbolo capaz de indicarte que debes detenerte. Además, un 90% de las pensadoras compulsivas aseguran que contarle sus preocupaciones a una persona de confianza las ayuda. Entonces ¿por qué no intentarlo?


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Un comentario para “Pensamiento compulsivo”

  • laura:

    me ha gustado mucho este articulo. lo que pasa es que yo pienso y analiso cada accion qusiera cambiar eso…….
    gracias

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